Algunas consideraciones sobre la necesidad de disponer de sistemas de traducción en tiempo real


A nadie escapa que durante el transcurso de estos últimos años el sector GILT está asistiendo, en ocasiones con ciertos niveles de perplejidad, a los cambios paradigmáticos que están ocasionando las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. La tradicional visión de la traducción como algo artesanal es cada vez más marginal, la creatividad da paso a la productividad en una evolución imparable hacia el proceso industrial y, por ende, la demanda social, tecnológica y económica sobrepasa con creces lo logrado hasta ahora y pide respuestas al mundo profesional de la traducción.

Hoy se traduce o interpreta menos del uno por ciento de la producción de textos orales y escritos, lo que da idea del creciente potencial de nuestro sector. No obstante conviene añadir que si se tradujera, por ejemplo, un diez por ciento, no habría profesionales suficientes para traducir tanto volumen, ni dinero para pagarlo.

Instituciones, empresas e individuos hemos incrementado en los últimos años de forma exponencial nuestras necesidades de traducción, en términos de número de palabras o páginas. Baste comparar el volumen de traducción que tenía que acometer una organización, de cualquier índole, hace apenas quince años con lo que requiere hoy día si desea tener una presencia multilingüe en Internet: ha pasado de unos miles o pocos cientos de miles a millones de palabras.

También ha aumentado el número de idiomas al que debemos traducir (quizá el más claro ejemplo sea el empeño diario al que se enfrenta la Unión Europea para poder cumplir su propia directriz de ofrecer el máximo de información posible en las 23 lenguas oficiales), así como la terminología que hemos de manejar por el rápido avance del conocimiento, sobre todo científico y técnico. Este conocimiento se plasma en el lenguaje como terminología y exige que las lenguas que pretendan un pleno desarrollo como lengua de traducción en el futuro cuenten con centros que den sostén e impulso a la actualización, normalización y difusión de esta terminología (por cierto, aunque parezca mentira, todavía no existe un centro de referencia que desempeñe esta labor para la terminología del español, cuarta lengua más hablada del planeta y segunda lengua extranjera más estudiada del mundo).

Por si fuera poco, la tecnología hace más complejo el tratamiento previo y posterior a la traducción en sí, por lo que en muchos casos ésta pasa a ser una actividad más (aunque no menor) integrada en un proceso más amplio: es lo que se denomina localización (L10N) o globalización (G11N). Estos procesos implican, además de la traducción y revisión de acuerdo con la norma UNE-EN 15038, otras tareas como: análisis técnico de requisitos y herramientas informáticas; asesoría técnica, cultural y lingüística; ingeniería y reingeniería informática; maquetación y tratamiento gráfico; adaptación de glosarios terminológicos; adecuación de traducciones a la interfaz; adaptación cultural de traducciones; adaptación audiovisual o multimedia (locución, doblaje y subtitulado; aseguramiento de calidad lingüístico y funcional; y gestión de proyecto con equipos humanos multidisciplinares.

La traducción y la multiculturalidad son también un requisito para el desarrollo del software que pretenda ser multilingüe y una tarea técnica más si el software está ya desarrollado. Es lo que llaman internacionalización (I18N). Por consiguiente no es de extrañar que el aumento de volumen para traducir de los últimos años y las exigencias relacionadas con las nuevas tecnologías hagan que la media de edad de los profesionales sea muy joven. La experiencia que vayan adquiriendo nos permitirá avanzar al lograr mayor destreza y mejores metodologías.

Otro aspecto de gran relevancia para la traducción en el siglo XXI es la frecuencia y rapidez con que se modifican los textos, lo que reduce drásticamente los plazos de entrega. La inmediatez de la información en Internet requiere inmediatez en la traducción de esa información. Todos estos factores aumentan aún más los costes de la traducción.

La tecnología y los estudios metodológicos intentan responder a esta demanda, tanto con automatismos para la traducción y revisión, como para la gestión, producción, elaboración de materiales de referencia, tratamiento de formatos o la interacción entre cliente y proveedor de servicios de traducción. Además de otras tecnologías, aplicadas a la gestión e intercambio entre destinatario y traductor, la tecnología lingüística ha aportado principalmente dos tipos de herramientas para la traducción: traducción asistida por ordenador (TAO) y traducción automática (TA).

La traducción asistida por ordenador, que incorpora filtros de formatos, memorias de traducción, correctores ortográficos, sistemas de control de calidad, gestores terminológicos y sistemas de cooperación entre traductores, logra reducir en cierta medida los costes de traducción y acelera los plazos de entrega. La traducción y la revisión siempre las hacen traductores profesionales «humanos» y el resultado es de alta calidad, pero la reducción de tiempos y costes de la TAO no parece ser suficiente para la inmediatez que la sociedad demanda y aún resulta elevado el gasto, si pensamos en varios millones de palabras en varias lenguas con actualizaciones constantes.

Aun así, son bastantes los valores añadidos aportados por la TAO (y en buena medida seguirán aplicándose en el futuro): ha simplificado el acceso a formatos electrónicos mediante filtros que separan etiquetas de texto traducible; ha permitido, mediante la segmentación y la alineación, almacenar traducciones ya hechas de tal forma que sean posteriormente recuperables; ha simplificado el uso de la terminología mediante el acceso contextual a gestores terminológicos mientras se traduce; y ha proporcionado entornos especializados de trabajo, incorporando además sistemas de búsqueda avanzada, controles de calidad, controles lingüísticos y controles de formato.

Por su parte, la traducción automática sí nos da esa inmediatez y nos permite una reducción de costes importante para grandes volúmenes de texto, aunque plantea interrogantes sobre la calidad de la traducción, que en ocasiones es a todas luces insuficiente. La TA, que apareció prácticamente al mismo tiempo que el ordenador y la informática, está en los últimos años resurgiendo y sin duda irá a más para hacer frente a la necesidad de velocidad, volumen, especialización y multilingüismo que hemos visto antes. Parece que es la única vía posible de cara al futuro, en el que la Sociedad de la Información, del Conocimiento o de la Inteligencia siempre será multilingüe. Para lograr ese objetivo, las tecnologías más extendidas hoy día en el mercado de la traducción automática son tres:

  • TA basada en corpus. Requiere colecciones de textos electrónicos de cierto tamaño para su funcionamiento. Tienen mejor rendimiento en áreas especializadas o de los propios corpus con los que se ha alimentado, pero no en textos generales o de otros temas.
  • TA estadística. También muestra mejores resultados en la traducción especializada, pero a menudo aparecen nuevos errores por someterla a entrenamientos con datos nuevos (aunque sean traducciones correctas) y, cuando esto ocurre, no hay nada que el usuario pueda hacer.
  • TA basada en reglas de análisis lingüístico. Ofrece mejores resultados para textos generales y da un buen rendimiento para textos especializados, si se le añade suficiente terminología y vocabulario específico, pero llega a un punto en el que el esfuerzo que hace falta para mejorar tan solo un poco el resultado ya no compensa.

La adecuada combinación e integración de memorias de traducción, traducción automática basada en corpus, en estadística y en reglas lingüísticas es para muchos la mejor opción de futuro.

Sin embargo, desde mi punto de vista la pregunta clave no es tanto si la TA es útil sino para qué es útil. A menudo se han creado expectativas irreales, que no han servido sino para añadir confusión y desconfianza. Efectivamente, la TA tiene aplicaciones en las que resulta muy útil, que no han de ser siempre las de traducción de alta calidad (recordemos que el problema de emular o imitar en un ordenador el lenguaje humano y actividades cognoscitivas como la traducción es más complejo que enviar una nave tripulada a la Luna y probablemente a Marte). Algunos posibles ejemplos de uso serían: informativo, para acceder a un texto en una lengua totalmente desconocida; selectivo, para decidir qué interesa traducir de forma profesional; organizativo, para traducir metadatos (datos sobre los propios datos) en distintas lenguas y mejor clasificar automáticamente textos multilingües; para búsquedas en textos en distintos idiomas; como herramienta de escritura, para tener un punto de partida, cuando hablamos un idioma pero nos cuesta escribir en él; y productivo o de traducción de alta calidad.

Esta última aplicación es ya una realidad entre lenguas tipológicamente cercanas (por ejemplo, entre lenguas romances próximas) y dan un resultado excelente si se lleva a cabo una revisión profesional posterior. También se empiezan a ver importantes avances en otras combinaciones entre lenguas más distantes. Las tareas de preedición y postedición o revisión, por parte de traductores profesionales debidamente entrenados, son todavía cruciales si que quiere utilizar la TA para lograr alta calidad, labor que a su vez mejora el propio traductor automático para futuros usos sin intervención humana.

En suma, no sabemos aún cuál será aún el impacto de las tecnologías de la información en las lenguas durante el siglo XXI, ni si afectará yde qué manera en cómo se influirán entre ellas, o si propiciará la desaparición de algunas. Lo que sí sabemos es que traducir en los próximos noventa años no será como en los últimos diez. Y sólo quienes estén suficientemente preparados podrán asumir los formidables retos que nos depara el futuro.

Pedro Díez Orzas
Presidente Ejecutivo de Linguaserve

Acerca de 200palabras

Gestor de Cuentas" y "Consultor comercial" con 11 años de experiencia en el campo de la traducción, localización, internacionalización y recursos lingüisticos en general. Mi máximo interés radica en cubrir las necesidades de mis clientes en estos campos y satisfacer sus expectativas con las soluciones o servicios más adecuados siguiendo los requerimientos de cada proyecto.
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